miércoles, 28 de enero de 2009

Qué lindo es viajar en taxi…

A media mañana de un día soleado y trabajando sin parar a causa de la vagancia de algunos de sus compañeros se encontraba Carlitos sudando la gota gorda. Llegando al mediodía lo llama su jefe para pedirle “un favor” al cual obviamente el más joven de la oficina no podía decir que no. La “misión” consistía en ir a un banco del centro (la empresa está en Palermo) a buscar un dinero importante no sabemos para qué fin. Carlitos había entrado en la empresa como cadete y sabia lo que era hacer tramites. Antes de salir debía pasar por tesorería donde se llevo la sorpresa que debía retirar del banco más del doble de plata de lo que le había pedido su “querido” jefe, así que después de tener el cheque en la mano y con la plata justa para viajar en taxi ya que el entrañable jefe tenía poca plata para darle se apresuro a ir a la calle a tomar un taxi. En su cabeza estaba el miedo lógico de tener que recibir mucha plata ajena y traerla a la empresa sana y salva.
El transito era fluido y después de pasar varios taxis llenos se le iluminaron los ojos marrones grandes al divisar un auto negro y amarillo vacio y con las ventanas cerradas. El viaje iba a ser placentero, podría ir la hora en el auto en taxi con el aire acondicionado disfrutando del paisaje. Pero he aquí la agradable sorpresa. Gran y maravillosa treta de un conocedor del asfalto porteño, el taxista no tenia aire y Carlitos engañado se había subido a él. En palabras textuales del protagonista “me recibió calor del infierno” dentro de ese taxi. El artero conductor del vehículo sufría el calor al tener todas las ventanillas del auto cerradas pero era la manera de engañar al futuro pasajero, así le paso a Carlitos que recién arriba se dio cuenta del engaño y tuvo que bajar las ventanas para no morirse ahogado en el infierno…

Los largos de Carlitos...

Nadie sabe como pero de repente a media mañana Carlitos tenia las manos en su pantalón, mas precisamente en su bragueta con cara de preocupado y maldiciendo. Se le había roto el cierre del pantalón de vestir!!! Lucas fue el primero en advertirlo y no pudo contener la risa ante una nueva desventura de nuestro héroe. Con el pasar del tiempo el resto de la oficina se entero de este pormenor y un par de compañeras gauchitas quisieron ayudarlo a solucionar el tema. Carlitos no quiso ayuda y solicito simplemente una aguja e hilo que fue provisto por una de las compañeras en cuestión. Una vez con los elementos se dirigió al oloriento baño de la empresa y sentado en un inodoro y con poca luz alrededor se dispuso a coser el cierre de la mejor manera posible (adjuntamos imágenes al respecto). Pudo terminar el día sorteando esta nueva desventura en su joven vida y obviamente tuvo que dejar el pantalón en la costurería para que se lo arreglen como corresponde para los días venideros.