En un mediodía soleado del viejo barrio de Palermo caminamos tranquilamente los tres. Somos compañeros de una oficina de recursos humanos y todos los días de nuestras benditas vidas salimos a almorzar, a caminar y a tomar algo de aire fresco y de luz natural para sentirnos vivos. En este mediodía en particular estamos volviendo al trabajo después de haberse cumplido nuestro horario y es ahí cuando desde el cielo alguien afloja unas baldosas en una esquina del viejo barrio porteño, es ese instante que Lucas las pisa sin querer y en ese mismo momento Facundo que venia atrás salta mostrando reflejos de gacela y evita ser alcanzado por esa agua turbia y sucia acumulada durante días debajo de esas feas y viejas baldosas. Pero nuestro amigo Carlitos descuidado y de la mano de su suerte habitual es alcanzado por la turbia agua ensuciándose los zapatos y gran parte del pantalón. Inevitablemente Lucas y Facundo, quien escribe, entramos en carcajadas y Carlitos se suma; nada puede hacer para enfrentar esta mala jugada del todopoderoso. Una vez retomada la vuelta a nuestro hogar laboral Carlitos suelta de su boca una de las frases celebres que dan vida a este blog “No te pido que me ayudes, solamente que no me perjudiques” (Carlitos Dixit refeririendose al divino supremo que nos mira del mas alla).
miércoles, 31 de diciembre de 2008
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